Internet no muerde

Periodistas en tiempo de migración

-Prefiero un trabajo, porque en un trabajo alguna mina podés conseguir. Pero si tenés una mina, trabajo no conseguís.
Esto me decía mi amigo Ramón ante el dilema que se nos presentaba en ese momento: conseguir un empleo o conocer a la mujer de tu vida. Son dos cosas fundamentales en la vida de una persona, hasta diría las más importantes, pensaba. Ni Ramón ni yo teníamos trabajo ni novia y creíamos que la suerte ya estaba echada; a pesar de ser jóvenes, no veíamos que esto fuera a cambiar. Y yo era más apocalíptico: pensaba que pronto llegaría la muerte, disfrazada de alguna manera. Jamás me iban a emplear en algo ni conocería a una mujer que me desvele, porque antes vendría la muerte. Y sabía que si llegaba, era una de las dos. O un buen laburo pero siempre solo o felizmente casado pidiendo limosna. Ramón por su parte era más sensato, y tenía cierta esperanza ante determinados asuntos, aunque hasta ahí nomás. El creía que la mujer de su vida estaba al caer, aunque si le daban a elegir prefería conseguir un trabajo.
-¿Te parece? –le pregunté mientras estábamos en un bar. ¿Y si la mina conoce gente y te puede enganchar en algo?
-No, para nada –contestó Ramón con un dejo de soberbia. Primero, las minas son siempre empleadas de medio pelo para abajo, o sea que no podrían nunca tirarte un cable. Además, siempre están paranoiqueando con que las van a echar de su trabajo.
-¿Y si la mina fuese jefa?
-Imposible. Las minas que son jefas tienen otro status, no van a engancharse con un tirado como yo. Las jefas quieren salir en auto, ir a restaurantes caros, que les hagas algún regalo de vez en cuando. Las jefas no admitirían salir con alguien que no tiene un mango.
-¿Y si la mina es de una familia importante y los viejos tienen contactos?
-Jamás saldría con una hija de ricos. Por experiencia, las hijas de ricos son caprichosas, infantiles y maniáticas. A los dos días la tendría que mandar al carajo.
¿Y si la mina te invita a formar una sociedad?
-Ja ja, si yo no tengo un mango...
-Vos pondrías el know how y ella la guita.
-¿Pedimos otra?

A Ramón nada parecía venirle bien. Pero como decía, era un tipo mucho más positivo que yo. En algunas cosas le daba la razón. A mí solo me quedaba resignarme a pensar que este no era mi año, aunque en ocasiones sentía que esta no era mi vida. Que lo bueno vendría en alguna próxima o algo así. Por suerte no caía en frecuentes delirios místicos ni gastaba dinero en libros de autoayuda de gurúes indios. Pero la sensación de frustración estaba y no se iba. Y menos con esta racha negativa, que perseguía también a Ramón, claro que eso me servía como un pequeño consuelo.
-¿Nunca levantaste a nadie por chat? – me preguntó Ramón.
-No. En realidad conocí personalmente a dos chicas que saqué del chat, pero no dio para más.
-¿Por?
-Digamos que las apariencias me engañaron.
-¿Te engañaron las apariencias? Jajaja, ¿no será que te engañaron las minas en el chat?
-No, es que les nunca pregunté cómo eran físicamente, simplemente quería conocer nuevas almas. Y las conocí, estuvo bien. Ahora, ni un beso, eh.
-Dejate de joder.
Ramón era más pragmático, como la mayoría. Yo tenía un halo romántico que me seguía donde fuese, pero eso en las grandes ciudades no tiene buen marketing y muchas veces quedaba como un pelotudo. Para los demás. Yo soy muy fuerte con mis convicciones y me importa un choto lo que opinen los otros, Ramón incluido, aunque no dejo de escuchar. Creo que alguien, por más idiota que sea, en algún momento va a decir algo interesante. Y espero ese instante, a razón de comerme horas de pavadas...

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